viernes, 29 de junio de 2012

Curaga

Despertó completamente sola, envuelta en sábanas de lágrimas que se alejaban de su cuerpo con sutileza, al ritmo que marcaba el viento que entraba por la ventana en forma de huracán. Se encargó de cerrar la puerta en un estruendo y ella abrió los ojos de golpe.

Miró a su izquierda, pero él ya no estaba allí. En su lugar quedaba la ausencia de la esencia y el leve recuerdo de su aroma al que se abrazó con fuerza, al aire, y así permaneció un rato, encogida sobre sí misma hasta que sus piernas se desentumecieron lo suficiente y fue capaz de levantarse.

La brisa que jugaba entre su pelo volvió a convertirse en vendaval al abrir la puerta e inundó de pronto la casa. Todo se antojaba blanco y azul, una atmósfera que la imbuía de una calma tensa, como el preludio de una tormenta.

Con pasos pausados se dirigió a la habitación de al lado, pero ella tampoco estaba allí. Había pasado toda la noche soñando con su suavidad y su dolor, deseaba abrazarla con todas sus fuerzas, decirle sin palabras que no pasaba nada y que todo iba a salir bien, que estaba a su lado y que la quería tanto que no la iba a dejar marchar, pero en aquella casa no había absolutamente nadie.

Se dejó caer en el suelo. No había nada que hacer. Como si el tiempo se hubiese detenido en una eternidad miserable. Y sin embargo transcurría a un ritmo frenético.
Perdió las ganas y el sentido contemplando el cielo que se alzaba tras el blanco techo que parecía diluirse por momentos debido al calor asfixiante que invadía su cuerpo, abriendo heridas a arañazos.


Is it night or day?

There's beauty anyway


But if it's dark inside

It's dark outside


miércoles, 13 de junio de 2012

Me comí una estantería por caminar a oscuras por el pasillo.
Intentando no hacer ruido, desperté, quizás, a todos de golpe, a un tiempo.
"Se nos ha colado un fantasma". No. Era mi ojo izquierdo contra la esquina, exacto, zas.

Por lo menos mi oído derecho regresa al trabajo por vacaciones, aunque ahora viva en una casa de cera y las palomas no tengan nada mejor que hacer que dejar recuerdos en la ventana e ir a morir al suelo.

Qué queda de los sueños a estas horas en las que ni un amago de luz resplandece en el horizonte.
Me retuerzo en el recuerdo de lo que no llegará a ser y al mismo tiempo olvido todo lo que fue. Inútil.


A nadie sobrecoge una mujer llorando.
Estoy en la cama y sigo sin poder olvidar sus húmedos ojos verdes.