lunes, 26 de diciembre de 2011

Círculos y ciclos

No negaré que me gusta subirme a la mesa, cuanto más desordenada y más desastrosa se encuentre mejor, y saltar hasta que la madera cede demasiado y todo cae.
Cuando era más joven y mi cuerpo más pequeño esto no pasaba.

Pero necesito subirme a esa mesa para poder salir a la ventana, sentarme en el alféizar y balancear mis piernas al son del viento, sobre el vacío que se abre bajo mis pies unos ocho pisos más abajo.

En realidad es todo mentira (qué es mentira y qué es verdad, si la verdad es una mera quimera). Lo que se posa sobre ese alféizar es mi cabeza. Observo el ir y venir de las nubes, que leves se disipan. Las retengo en mi mente hasta que rebosan electricidad y furiosas se baten las unas con las otras, gritando más de lo que yo jamás podré.

Me llena, me colma, una energía que por mi cuerpo se expande con cada trueno, golpe seco que marca el ritmo frenético de su corazón. 
Estoy perdida en esa canción. 

Que me ahoga y me desborda, un escalofrío que de arriba abajo recorre la columna vertebral. 
La convulsión. 
La espiral. 
Todo se contrae y en un instante se expande.


Y nada queda después, nada queda más que calma. 

El suave color pastel que acaricia mi mejilla en la soledad, en mi desnudez.



Todo está bien —es cuanto quiero decir, cuanto necesito que sepas.

El resto es mediocre y carece de sentido.



martes, 13 de diciembre de 2011

Me comprometo por prometer lo que no cometo.

Y todas las veces que he hecho una llamada a la coherencia, en un intento, nulo, de recurrir a este vacío código para derramar afuera lo que queda dentro de mí, qué —qué hago, qué intento, dime, qué sentido tiene.

Si entro en mímesis con el Poeta, sucumbo al nihilismo, al mecanicismo de la cabeza y al sinsentido que la caracteriza. No me quejo. No pretendo impresionar a nadie, solamente gritar lo que no estáis dispuestos a escuchar.

Qué es lo que siento.



何も繋げない手

君の手つないだ時だって



domingo, 11 de diciembre de 2011

Escala de grises

Permanezco en el suelo la mayor parte del tiempo, sin sueños ni ilusiones  que me desvíen de lo que debo hacer.

Suelo mantener mis pulmones limpios, apartando el humo que el Pijo y el Poeta me ofrecen de alguna forma sugerente.

No lloro sin razón, si realmente no hay ningún motivo para llorar, pues todos los problemas son relativos, al fin y al cabo, y no existen más allá del punto en el que mi propia mente existe.

Me miro al espejo y trato de palpar mi reflejo, de sentir el calor que no desprendo.

No paseo en la niebla a solas, bajo las tenues farolas de una ciudad gris. No trato de imaginar quién pisó el suelo que ahora piso ni quién lo hará cuando yo no exista.

Aún espero que reaparezca alguien y me derrumbe con una sola palabra.

Aún confío en que el amor puede tener alguna finalidad o razón para existir.



Contraposición y demás mentiras.

A blueprint of the pleasure in me



Estamos solos, perdidos
Entre dos mundos distintos y distantes
De los que huyo y escapo cuando el problema surge.


Qué necesito para seguir
Si el azul del cielo, el verde de tus ojos, me atrapa
Permanezco estática
Ahogando mis instintos nómadas en un beso
Que durante un instante, se antoja dulce y eterno.



domingo, 27 de noviembre de 2011

Be as one with me





Y llegó la amiga.

Y se acabó el Martes, siendo Domingo.

Y yo aquí sigo —como en una convulsión— esperando que el tiempo me lleve a despertar contigo.









"I cannot be your eyes
But I will try to make you see
That beauty lies underneath your skin
This fight is yours to win"


Tan sencillo como que es Otoño


Perdida en un tiempo incierto, encontré el blog que empecé a escribir hace algo menos de un año.
Una entrada solitaria en la que trataba de explicar las razones inexistentes del porqué de esto, del mismo modo que finjo hacerlo ahora.

Databa, concretamente, del día 29 de Diciembre del 2010 —curiosa fecha si tenemos en cuenta todo lo que estaba aún por pasar.
A veces desearía haber tenido el tiempo y la continuidad suficientes para reducir a palabras lo que ocurría y sentía entonces, en el fin de la espiral, cuando la soledad amenazaba con engullir el mundo de nuevo, y cómo, jugando con ella, conseguí [re]encontrarme a mí misma, en cualquier otro lugar.

Hubiera hablado de aquellos ojos verdes que me arropaban en sueños cuando el frío calaba dentro, de cómo el egoísmo desmesurado de quien dice que ama y a quien no amas puede traspasar cualquier frontera, de cómo conseguir tumbarse al revés.
Del auto-abandono y de la decadencia.
De la muerte y sus consecuencias.
Del anhelo y del vacío de la existencia.
Y de cómo todo ello sucumbía y se sacudía bajo el influjo de la Música, la única que permanece cuando nada más queda, acunándote con suavidad y devolviéndote el aire suficiente para gritar.

¿Gritar qué? Que el tiempo no existe y que el sentido de todo esto es desvanecerse al final [en un color, tú eliges cuál].
Que no, que no pienso aceptar ningún tipo de limitación como verdad absoluta y que me niego a caer ~ si la caída se encuentra en el castillo en medio del mar, llévame lejos, de vuelta a la realidad.

Entonces hubiese hablado también de mi eterna lucha contra el amor y de cómo aquellos otros ojos verdes, traídos por el estridente sonido de la felicidad, fueron capaces de darle la vuelta a todo lo establecido.
De cómo, gracias a ellos y a mi FielCompañera, recuperé la ilusión y empecé a vivir como si cada momento fuera el último —pues así es, al fin y al cabo.
La auto-superación consecuente al proclamado RENACER.
De esta forma conseguí dejar atrás lo que fue y lo que nunca fui, desterrando el pasado, anclándome en el presente eterno y olvidando un futuro que nunca llega.

El orden está sobrevalorado.