Un espasmo interno que no es más que una mezcla de celos y rencor. Sentimientos que no reconocería como propios ni aunque me colgaran al revés del dedo pulgar del pie.
Aquí todos los días son carnaval, qué bien.
El juego de caretas y máscaras sonrientes que rozan lo esperpéntico se sucede con total naturalidad hora tras hora, como en un baile silencioso y profundamente premeditado. Puro convencionalismo que apenas quatre gats se atreven a cuestionar.
La mano en alto los de arriba, acompañando a una mirada de desdén y fingida superioridad, es suficiente para mantener al resto tras la línea, aplaudiendo como dulces retrasaditos ante una grotesca función de circo.
La mano en alto los de arriba, acompañando a una mirada de desdén y fingida superioridad, es suficiente para mantener al resto tras la línea, aplaudiendo como dulces retrasaditos ante una grotesca función de circo.
Y qué circo, señoría, el circo va a ser cuando realmente me estén ustedes juzgando por estas miserables palabras que escapan apenas de un hilo de voz.
Entonces vendrá la verdadera emoción.
Entonces vendrá la verdadera emoción.
Al fin y al cabo, la miseria no es más que un ciclo, un ciclo en forma de espiral, y cada vez estamos más cerca del centro, del colapso.
Pues me alegro.
Me alegro y mucho.
Pues me alegro.
Me alegro y mucho.
A la tierra será devuelto todo lo que arrebatasteis sin más derecho que el de las cinco falacias (del sustantivo "falo", que es de donde os salen) que os creísteis en vuestra absoluta ignorancia y aceptasteis como ley suprema.
Y así el espasmo precede al esputo previo a la muerte por ahogo.
Yo no sé vivir, sólo sobrevivir.
Bailemos, pues, al borde del río.

