sábado, 28 de abril de 2012

Fiebre

Si detengo mi mirada sobre sus insignificantes palabras es porque me corrompe la risa en un espasmo.
Un espasmo interno que no es más que una mezcla de celos y rencor. Sentimientos que no reconocería como propios ni aunque me colgaran al revés del dedo pulgar del pie.


Aquí todos los días son carnaval, qué bien. 
El juego de caretas y máscaras sonrientes que rozan lo esperpéntico se sucede con total naturalidad hora tras hora, como en un baile silencioso y profundamente premeditado. Puro convencionalismo que apenas quatre gats se atreven a cuestionar.
La mano en alto los de arriba, acompañando a una mirada de desdén y fingida superioridad, es suficiente para mantener al resto tras la línea, aplaudiendo como dulces retrasaditos ante una grotesca función de circo.

Y qué circo, señoría, el circo va a ser cuando realmente me estén ustedes juzgando por estas miserables palabras que escapan apenas de un hilo de voz.
Entonces vendrá la verdadera emoción.

Al fin y al cabo, la miseria no es más que un ciclo, un ciclo en forma de espiral, y cada vez estamos más cerca del centro, del colapso.
Pues me alegro.
Me alegro y mucho.

A la tierra será devuelto todo lo que arrebatasteis sin más derecho que el de las cinco falacias (del sustantivo "falo", que es de donde os salen) que os creísteis en vuestra absoluta ignorancia y aceptasteis como ley suprema.

Y así el espasmo precede al esputo previo a la muerte por ahogo.
Yo no sé vivir, sólo sobrevivir.
Bailemos, pues, al borde del río.


viernes, 27 de abril de 2012

Ma olen udu

Perdí el bus porque mi pianista estaba pensando.

Se encontraba postrada en un rincón cualquiera de un túnel subterráneo camino a ninguna parte, bajo una luz enfermiza que parpadeaba y amenazaba con desfallecer de un momento a otro, enclavada frente a un teclado que fingía una muerte temporal en agónico silencio.
Sus rizos rojizos, recogidos de mala manera en un moño o un intento de coleta, me impedían ver un rostro que ya apenas recordaba, pero en el que se intuía la misma expresión distraída y decidida, todo a un tiempo, que había percibido en ocasiones anteriores.

Seguí caminando en su dirección, siguiendo a aquella masa de gente que no se dignaban siquiera a levantar la vista por un instante y ver más allá de ellos mismos. Sentía que nadie más la veía, si es que había alguien más allí, nadie más que yo, que mantenía la esperanza de que arrancara alguna pieza de aquellas teclas inertes y poder sentir de ese modo la parte de su alma que fluiría con aquella música aún inexistente.

De vez en cuando profería algún sonido, un acorde aleatorio, y al segundo apartaba la mano como si quemara. Después procedía a rascarse la punta de la nariz o la raíz bajo la sien con aire distraído, antes de probar de nuevo.

Me encontraba a apenas unos metros de ella cuando alzó la cabeza en mi dirección.
Ni siquiera entonces nuestras miradas se encontraron.

Giré la esquina y la dejé a mi espalda.
La, re, mi, es todo cuanto pude distinguir antes de subir a las escaleras mecánicas.

Desde allí contemplé cómo lentamente escapaba de mi campo de visión bajo el techo del pasillo, preguntándome cuál sería su nombre (tal vez Cristina, Olga o Fátima, quién sabe), a qué sonaría su voz o qué sería eso en lo que pensaba y que ahuyentaba a su inspiración.
Entonces me di cuenta de que lo prefería así, de que era parte de esa magia imperceptible para el resto, tan necesaria para mí.

No salió belleza de sus manos aquella tarde, al menos no en mi presencia, y yo tuve que esperar diez minutos más bajo un atardecer azul de Abril.


jueves, 26 de abril de 2012

jueves, 12 de abril de 2012

Pretender

A veces, sin querer, imagino tu cuerpo pequeño y desnudo, temeroso, entre aquellas cuatro paredes que se me antojan oscuras y roídas, acariciando con manos temblorosas la suavidad de un tiempo que no me pertenece en ningún caso.

De pronto, no siento nada más que el vacío que deja la ausencia del recuerdo, una idea que no llega a existir.
Un hueco en medio de ninguna parte.
Un anhelo difícil de reconstruir.

Lo lleno con pasiones que no son mías, ilusiones que no llegan ni a sueños y alguna que otra palabra de autoengaño —o autodestrucción, según se tercie.

Entonces marcho y vuelo lejos, a un lugar en el que nadie puede encontrarme. Ni siquiera yo misma.
El único sitio que aún me pertenece en este hueco mundo, lejos de las mentiras, del egoísmo, de cualquier tipo de cuchilla, y lejos de ti.

Me gusta pensar que la distancia no es más que un concepto sin fundamento, la sombra del viento que circula entre nosotros.
Y a pesar de todo esto, te echo de menos.


domingo, 1 de abril de 2012

The stain

I don't know how to express
When a tear falls
A drop breaks against the rest
And gets lost, lost for ever.
So fragile, so brief.


And I don't know how to bear
When the hours weigh on my heart.
When they weigh, they capture, they sink it
Inside a kind of murky water, dismal and dark.



No bubbles when I scream
Not "You" without your past.
And I can't.
I can't.
I can't.

Go and fool me again.
I don't want anything with or without you.



Nothing is going to last for ever.
Not our lives, neither the sky.
So let's forget about it all, the world and the rest.
You don't have anything to hide.
And I know everything about yourself.



This feeling is wearing me down.